11 de Septiembre

Niega vocero que Hillary Clinton haya sufrido derrame cerebral

Jorge Silva, director de Medios Hispanos de la campaña de Hillary Clinton, negó que la candidata tenga diversos problemas de salud

Tras reiterar que Hillary Clinton se desvaneció el 11 de septiembre producto de la neumonía que la aquejó hace unas semanas, Jorge Silva, director de Medios Hispanos de la campaña de Clinton, negó que la candidata demócrata tenga diversos problemas de salud, como circulara en algunos medios norteamericanos en los últimos días.

Vocero de campaña de Hillary Clinton- Gregorio Martínez.

Vocero de campaña de Hillary Clinton- Gregorio Martínez.

 

El vocero señaló que la candidata demócrata ya está activa en su casa, y en cuestión de días se reincorporará al 100 por ciento a su campaña presidencial, esperando lo haga a finales de esta semana. En entrevista, Silva negó que Hillary Clinton se hubiera visto afectada por tres derrames cerebrales, problemas del hígado e ingresos violentos al hospital, tal como se dio a conocer en algunos medios.

Así como se hizo hace poco más de un año, cuando se publicaron dos páginas del historial médico de Clinton, al final de esta semana se publicará la actualización detallada de dicho documento. “Nosotros vamos a publicar lo más que podamos”, puntualizo.

“La mayoría de las personas que han tenido la oportunidad de ver a Hillary Clinton, de convivir con ella, se dan cuenta de cuántas mentiras está publicando la extrema Derecha de este país, simplemente para desacreditar a una de las candidatas más acreditadas”.

Tras preguntarle si en el Partido Demócrata se piensa en la posibilidad de sustituir a Clinton y que su lugar sea tomado por Joe Biden, la respuesta fue: “¡claro que no! Eso es un rumor”, reiterando que la candidata demócrata le recomendaron unos días de reposo. Sin embargo, estuvo en el evento del 11 de septiembre por la importancia del mismo.

Además, afirmó que no hay resentimiento con el Presidente Enrique Peña Nieto luego de la reunión del mandatario mexicano con Donald Trump. “Hay comunicación constante con representantes del gobierno mexicano”, aunque, por ahora, no tiene conocimiento de un encuentro entre Clinton y Peña Nieto.

 

Con información e imágenes de López Dóriga Digital 

Donald Trump desea que Hillary se recupere

Después de que se diera a conocer que la candidata demócrata Hillary Clinton padece neumonía, Donald Trump, candidato republicano, aprovechó para enviarle un mensaje en el que le desea que se recupere.

Trump declaró a la cadena Fox que la salud de los candidatos se ha convertido en un tema preocupante y por esa razón, él se sometió a una serie de estudios de los cuales dará a conocer los resultados muy pronto.

Aseguró estar confiado en que sus estudios obtendrán buenos resultados puesto que se siente muy bien.

En cuanto a la candidata, dijo que le desea que se recupere pronto para que pueda volver a la campaña.

Donald Trump desea que Hillary se recupere- Gregorio Martínez.

Donald Trump desea que Hillary se recupere- Gregorio Martínez.

 

El domingo, durante el homenaje a las víctimas del atentado del 11 de septiembre, se pudo ver a Clinton desmejorada y siendo ayudada por dos personas para no caerse. Ante esto, fue atendida por su doctora, quien le diagnosticó neumonía. La candidata tuvo que cancelar un evento benéfico en California el día de hoy y se espera que en los próximos días se recupere.

 

Con información e imágenes de López Dóriga Digital 

Los problemas de salud de Hillary Clinton

La candidata de 68 años presenta algunos problemas de salud, aunque en general se encuentra en buenas condiciones, de acuerdo con su informe médico

Luego de que Hillary Clinton se sintiera mal de salud durante la ceremonia de conmemoración del 11S el domingo por la mañana, tanto demócratas como republicanos comenzaron a preguntarse con preocupación sobre la salud de la candidata.

La candidata presidencial demócrata se fue de la ceremonia temprano, una hora y media después de iniciada, cuando empezó a sentirse “abochornada”, dijo Nick Merrill, portavoz de la campaña de Clinton en un comunicado. Le tomó tiempo recuperarse, cerca de una hora con 45 minutos, en el departamento de su hija. Cuando se recuperó alrededor del mediodía saludó a los paseantes y dijo a los reporteros que sentía “increíble”.

El incidente ocurrió solo unos días después de que los republicanos señalaran que esos momentos en que Clinton tosía durante la campaña electoral eran signos de un asunto de salud más serio. Su equipo de campaña dijo que ella estaba sufriendo alergias de temporada.

“La secretaria Clinton ha estado experimentando una tos relacionada con alergias. El viernes, mediante una evaluación de seguimiento a su tos prolongada, fue diagnosticada con neumonía. Se le recetaron antibióticos y se le recomendó descanso y ajustar su agenda. Durante el evento de esta mañana, sufrió de bochorno y deshidratación. La he examinado y ya está rehidratada y recuperándose bien”, dijo la doctora de Clinton, Lisa Bardack, en una declaración escrita el domingo por la tarde.

Desde una alergia al polen de temporada, al hipotiroidismo, esto es lo que sabemos sobre la salud de la candidata de 68 años de edad.

Coágulos sanguíneos

La actual batalla que Clinton mantiene con la neumonía no niega el hecho de que como secretaria de Estado ella resistió un duro itinerario de viaje y mantuvo buena salud.

En un reporte hecho público en julio de 2015, Bardack escribió: la señora Clinton es una saludable mujer de 67 años cuyas condiciones médicas actuales incluyen hipotiroidismo y alergias al polen de temporada. Su historial médico previo incluye una trombosis venosa profunda en 1988 y en 2009, una fractura de codo en 2009 y una concusión en 2012.

“Ella mantiene un estilo de vida saludable y se ha practicado una evaluación médica completa, que no muestra ninguna evidencia de problemas médicos adicionales o enfermedades cardiovasculares. Sus evaluaciones por cáncer son todas negativas. Está en condiciones físicas excelentes y es apta para servir como presidente de Estados Unidos”.

A Clinton se le recomendó, en 1998, tomar medicamentos anticoagulantes para prevenir coágulos causados por trombosis venosa profunda al realizar viajes largos en avión, escribió Bardack.

Los coágulos sanguíneos pueden ser un serio riesgo de salud para los viajeros, de acuerdo con los Centros de Control y Prevención de Enfermedades de Estados Unidos (CDC). Pueden formarse en venas profundas en las piernas cuando una persona permanece sentada durante un largo periodo, como en vuelos largos. El problema se complica si el coágulo se rompe y llega a otras partes del cuerpo, como los pulmones.

Además de usar anticoagulantes, Clinton toma medicamentos para el hipotiroidismo, una condición por la que la glándula tiroides no produce suficientes hormonas importantes, de acuerdo con el reporte de Bardack.

El reporte también indica que, en un examen físico realizado el 21 de marzo de 2015, los signos vitales de Clinton se mostraron “saludables” con una presión sanguínea de 100/65, un ritmo cardiaco de 72, ritmo respiratorio de 18 y temperatura de 98.7 (37.05º C). El resto del examen resultó normal.

Huesos y cerebro
El historial de salud de Clinton incluye también una fractura de hueso. Ella se tropezó en las oficinas del Departamento de Estado en el verano de 2009 y se fracturó el codo derecho. La herida obligó a una intervención de dos horas que resultó exitosa. Luego, en diciembre de 2012, Clinton fue afectada por un virus estomacal después de un viaje lo que hizo que se desvaneciera causándole una concusión, de acuerdo con el reporte de Bardack. En evaluaciones posteriores, se le diagnosticó una trombosis del seno venoso transverso -en otras palabras, un coágulo en el cerebro. El coágulo se disolvió posteriormente.

Una concusión es una herida cerebral, explicó el Dr. Sanjay Gupta, jefe corresponsal médico de CNN y neurocirujano practicante.

“Lo que hemos escuchado sobre su salud es que, viendo su seguimiento, podría haber alguna preocupación, pero ella ha sido examinada y no hay impacto a largo plazo en su cerebro y el coágulo sanguíneo se ha resuelto”, dijo.

Gupta añadió que es complicado comentar sobre la salud de Clinton si tener mayor información.

“El diagnóstico de neumonía llegó el viernes”, dijo. “Es algo completamente tratable, no hay duda al respecto, pero sigue siendo un diagnóstico serio y es algo que no debería tomarse a la ligera”.

Hasta este domingo por la tarde, la campaña de Donald Trump aún no había comentado sobre el diagnóstico de neumonía de Clinton. Trump ha publicado mínima información sobre su salud.

Lee: Trump primete difundir datos de su salud ante la reciente enfermedad de Clinton

El Dr. Harold Borneasteis, médico personal de Trump, hizo pública una carta en diciembre de 2015 que carecía de muchos detalles médicos, pero hacía notar que Trump sería “el individuo más saludable jamás electo para la presidencia”.

Gupta consideró que el lenguaje utilizado en la carta era sorpresivo y “casi cómico” por su falta de objetividad.

 

Con información  e imágenes de Expansión  

A 15 años del atentado de las Torres Gemelas, la historia todavía sangra

A las 8.45 de la mañana (hora de Nueva York) del 11 de septiembre de 2001, en las Torres Gemelas, cuando un Boeing 767 de American Airlines se estrelló en el piso 80 de la Torre Norte del World Trade Center, los televidentes no sospecharon la aterradora verdad. Algunos, distraídos, creyeron que el impacto y el humo eran una ficción. Quizá el trailer de un film.

Otros, más atentos, recordaron el choque del bombardero militar B–25Mitchell contra el piso 79 de su célebre Empire State Building, el sábado 28 de julio de 1945. Recuerdo doblemente sombrío: la Segunda Guerra Mundial había terminado menos de tres meses antes, el 7 de mayo, con la rendición de Alemania, y esa escena repetía las cientos o miles iguales o peores conocidas desde 1939.

Pero las hipótesis duraron poco: apenas 18 minutos después, un Boeing idéntico y de la misma compañía impactó contra el piso 40 de la Torre Sur. Los dos aviones debían cumplir el mismo trayecto (Boston–Los Ángeles), pero fueron desviados por terroristas de Al–Qaeda, la organización regida por Osama Bin Laden.

Entre pasajeros y tripulantes, en ambos murió un total de 157 almas. Sin embargo, fue apenas el comienzo de la mayor tragedia norteamericana aire–tierra desde el bombardeo japonés a la base naval de Pearl Harbor, Hawaii: 2.403 muertos y 1.178 heridos. Bajas superadas por la destrucción de lasTorres Gemelas: 2.823 muertos y 6.000 heridos.

Recuerdos del infierno

Quince años han pasado. Pero jamás se apagarán la memoria ni las voces de quienes recuerdan a sus muertos o de los sobrevivientes. Así fueron…

A las 8.46, un minuto después del impacto en la primera torre, Michael Hingson, ciego de nacimiento, se levantó de la silla en su oficina del piso 78 de la torre norte, para buscar algo, y escuchó “un estallido” que lo paralizó. “Roselle, mi perro guía, se acercó a mí. Tomé su correa y le dije ‘¡Adelante!’. Salimos de la oficina lentamente. Todo era humo, ruido y confusión. Pero Roselle y yo éramos un gran equipo. Serenos, logramos bajar los 1.463 escalones, y ya en la calle sentí el aire, todavía fresco, en la cara. ¡Estábamos a salvo!“.

Casi al mismo tiempo en que la mujer del puertorriqueño Daniel López (39) escuchaba en el contestador las últimas palabras de su marido (“Liz, soy yo, Dan… Mi edificio sufrió un impacto. Estoy en el piso 78. Estoy bien, pero voy a seguir acá para ayudar a evacuar a otros. Nos vemos pronto“), y que nunca regresó, el bombero Ernie Armstead (53), afuera, intentaba sacar a algunos atrapados: “Pero una lluvia de escombros me sepultó casi por completo. No podía respirar. Alcancé a ver por lo menos a doscientas personas que salían del edificio, pero estaban a varios metros de mi posición. Hasta podía oírlos, pero el fuego nos separaba“.

Fue rescatado mientras su colega Hurley Lever (59), que casi fue aplastado por trozos del edificio y del avión, se enfrentaba a otro drama. Marlene Cruz,que trabajaba en el sótano de la torre norte, lo recordó así: “Fue horrible. Las luces estaban apagadas, el agua caía desde el techo, y creí que toda la estructura se iba a desmoronar. Abrí los ojos. No se veía nada. Pero cuando sentí que era mi final, un bombero me tomó por la cintura, y me sacó“.

El nigeriano Muyiwa Onigbogi (39), empleado de una empresa inmobiliaria,  llegó muy temprano a su oficina del piso 82 de la Torre Norte. “De pronto, el piso se sacudió. Con una colega fuimos hasta una de las muchas escaleras, mientras miles hicieron lo mismo. No corrimos: bajamos rápido y a buen ritmo. El humo se filtraba desde arriba; era muy difícil respirar. Apenas llegamos al lobby, la torre de al lado colapsó. Todo fue polvo y escombros. En la oscuridad, con la nariz y la garganta tapadas por la ceniza, ¡corrí por mi vida! Pasado un año de aquel día, sigo teniendo problemas para respirar, y no puedo dormir. Es como seguir atrapado y revivir el desastre todos los días. Cuando mi psicólogo me pregunta qué me perturba más, le digo: ¡las caras de los bomberos subiendo mientras nosotros bajábamos! No voy a olvidarlo jamás“.

Pasquale Buzzelli (32), norteamericano y empleado de la Autoridad Portuaria de Nueva York y Nueva Jersey, estaba en su oficina del piso 64 de la Torre Norte cuando se estrelló el primer avión. “Con otros quince compañeros llamamos al personal de seguridad del edificio mientras ya, por la ventana, veíamos caer hierros y vidrios. Al principio me pareció que lo mejor era quedarnos, no bajar por las escaleras, porque en el 93 hubo un incendio y vi que se llenaban de humo. Pero cuando la segunda torre, la sur, fue atacada, empezamos a temer. Todos hablamos por teléfono con nuestras familias, y nos gritaban, angustiadas: ‘¡Váyanse de allí! ¡No pierdan tiempo!’. Pero el humo empezó a invadir nuestro piso… Cubrimos los marcos de las puertas con ropas mojadas, pero fue inútil. Cuando la Torre Sur se derrumbó, empezamos a bajar. Otro sacudón nos cubrió de escombros: cemento, caños, de todo… Me tiré en un descanso de la escalera, y en posición fetal me puse a rezar. Le pedí a Dios que cuidara a mi familia, y que si debía morir, la muerte me llegara despacio. Algo me golpeó en la cabeza, y no recuerdo nada más“.

Estuvo inconsciente más de tres horas. Se despertó en la misma posición fetal… pero el edificio ya no existía. Buzzelli, por azar, quedó sobre una montaña de escombros y parte de una escalera que quedó casi intacta. Lo rescataron. Tenía un pie fracturado, algunos cortes y muchos golpes. Aún después de mucho tiempo sufrió ataques de ansiedad, insomnio y depresión. Intentó volver a trabajar, pero no pudo. Pidió licencia por tiempo indefinido. Su gran sostén fueron su mujer, Louise, y su bebita de nueve meses.

A las 8.05 de ese 11 se septiembre, desde su escritorio en el piso 81 de laTorre Norte, Sujo John (27) le escribió un correo electrónico a su mejor amigo: “Estoy deprimido“. En febrero de ese año dejó su India natal, se instaló en un suburbio de Nueva York, y empezó un nuevo trabajo.

Su mujer, Mary, embarazada de cuatro meses, trabajaba en la torre contigua: la sur, piso 71.  Separados por el espacio entre los dos colosos y diez pisos, aguardaban la hora de salida para viajar juntos hasta su casa.
Es posible que la depresión de Sujo se debiera al brusco cambio de vida: entre Oriente a Occidente hay mucho más que miles de kilómetros.

A las 8.45, una brutal explosión lo sacó de sus cavilaciones. “El edificio vibró y tembló. Nuestro piso se llenó de gritos: ‘¡Se estrelló un avión… se estrelló un avión contra la torre!’. Los restos del avión cayeron casi a nuestros pies, y todo el piso de incendió. A pesar de las llamas, quisimos mantener la calma, pero fue imposible. Arriba y debajo de nosotros había un enorme cráter. Por primera vez comprendí que era mortal: algo que cuando eras muy joven te parece imposible. Huimos del fuego y llegamos a las escaleras. En ese momento sólo pensé en mi esposa y su embarazo. Traté de comunicarme con ella, pero los celulares no funcionaban. Una hora y media después pude llegar al primer piso. Todo era una imagen de muerte y destrucción: restos del fuselaje del avión, maderas ardiendo, vidrios rotos, cuerpos por todos lados. Era una zona de guerra. Caminé como pude hasta la otra torre con la esperanza de encontrar a Mary, pero cuando ya estaba muy cerca, el suelo empezó a temblar luego de otra explosión. La torre sur estaba destruida. Llovían enormes rocas y pedazos de acero. Caí y quedé rodeado de hollín y vidrio. Me levanté y vi cadáveres por todas partes. Casi cegado, vi una luz a pocos metros. Era un agente delFBI con una linterna. Nos agarramos de las manos y empezamos a caminar durante una hora respirando humo y cenizas. No pude comunicarme conMary, y perdí la esperanza de que estuviera con vida. Sin embargo, a la una del mediodía su teléfono sonó, y pude ver su nombre en la pantalla. Pero hasta que no oí su voz no creí que estuviera viva“.

En realidad, Mary… ¡no había entrado a la Torre Sur! Llegó cinco minutos después del impcato del primer avión, y empezó a caminar casi locamente, “pensando que John estaba muerto, y viendo con horror a gente que se arrojaba del edificio a la calle. A una muerte segura“.

Frankie De Vito tenía nueve años. Su abuelo paterno, Francesco, ingeniero de WNBC–TV, trabajaba en una de las torres, y no pudo escapar de la trampa: fue uno de los 291 cuerpos que se recuperaron enteros. No fue fácil decirle a Frankie que ya no lo vería más, que estaba en el cielo, etcétera: los argumentos que se usan en esos casos. Pero durante mucho tiempo no lo creyó. Lo buscaba de la mañana a la noche. Extrañaba, sobre todo, sus lecciones de carpintería. Porque a pesar de su título y su trabajo tecnológico, había traído desde su pueblo de Italia la ciencia milenaria de trabajar la madera. Y de madera eran muchos de los juguetes de Frankie. El legado de Francesco…

El banquero e inversor Richard Pecorella perdió a su novia, Karen Juday,secretaria de una financiera con sede en el piso 102 de la Torre Sur. Ella, nacida en Indiana, recaló en Nueva York en busca de un mejor trabajo, y llegó a amar a esa ciudad. Los planes de ambos estaban firmes y bien trazados. Pronto casamiento, hijos, y sin sobresaltos: Richard decía que era “más afortunado que dueño de una fortuna“, pero sus cuentas bancarias no conocían el rojo. El 11 de septiembre del primer año del siglo XXI, en el área del World Trade Center, el terrorismo masacró casi tres mil vidas y, de algún modo, fue el terrible símbolo de una guerra no declarada que cambió la brújula del mundo. Y ese torbellino se llevó a aquella chica de Indiana que tanto amaba a la Big Apple.

La historia que sigue supera cualquier intento de un guionista de cine o un novelista. John Vigianno era un bombero de Nueva York. Joe, su hermano, detective de la policía en la misma ciudad. El padre de ambos, bombero retirado, enfermó de cáncer, y John decidió ponerse ese uniforme y correr los mismos riesgos cuando percibió la entereza de su padre en la lucha contra la enfermedad. Una cuestión de coraje… Y por si poco fuera, recibió su placa profesional con el mismo número paterno: la número 3436.
En la mañana del desastre, y ya en acción, lo llamó para darle la noticia, y la conversación terminó como siempre: con un “I love you” por cada lado.

John, en ese momento, tenía 36 años. Su hermano Joe, 34. Qué extraño juego del destino: las dos edades formaban el número de la placa: 3436.
Los dos hermanos murieron entre las llamas, y el cáncer, no mucho después, se llevó al padre. Sobre el final, un médico le oyó decir “Por suerte, nuestras últimas palabras fueron ‘I love you“.

Beverly Eckert perdió a su marido, Sean Rooney, en la Torre Sur. Se conocieron a los 16 años en un baile del colegio. Esa mañana, cuando él la llamó –eran las 9.30–, tenía 50. Casi una vida juntos. Le dijo: “Estoy en el piso 102 tratando de salir, pero no puedo: las escaleras están llenas de humo“. Ella le preguntó si le costaba respirar, él le dijo que no, y ella le creyó. Diría después: “Me quería lo suficiente como para mentir… Después de un rato dejamos de hablar de vías de escape y empezamos a recordar de la felicidad compartida durante tantos años. Pero el humo se puso más espeso, me dijo, y repitió ‘I love you… I love you… I love you‘. ¡Yo quería arrastrarme a través de la línea del teléfono para abrazarlo por última vez! Pero de pronto oí un crujido horrendo, y después el estruendo de una avalancha: comprendí que el edificio y Sean estaban muertos. Me quedé con el teléfono apretado junto a mi corazón

on Sean confirmado como víctima fatal, recordó ante la prensa en cinco minutos, y hasta mucho después a solas: “Sus cálidos ojos marrones, su pelo oscuro y enrulado, y su maravillosa manera de abrazarme“. Más tarde se dedicó a confortar a familias que habían perdido padres, madres, hijos. Pero ni siquiera pudo enterarse de la muerte de Osama Bin Laden: murió dos años antes, al estrellarse el avión de la compañía Continental,vuelo 3407.  Iba a Buffalo, donde nació Sean, para celebrar el cumpleaños 52 del único hombre que amó.

A veces, el destino (si existe) es cruelmente irónico.

Al empezar los ataques contra las Torres Gemelas, el bombero Sunel Merchant estaba en el piso 48 del edificio norte, junto a su escritorio, cuando la estructura recibió el impacto del primer Boeing de la híper tragedia. “Sentí que me movía como en una escalera mecánica, y pensé que a partir de ese momento nada estaba en nuestras manos. Llegué al piso 30 y oí el estruendo del segundo avión golpeando mortalmente a la Torre Sur. Ví subir al primer bombero… Bajar es fácil, pero subir con todo el equipo en las espaldas es un esfuerzo sobrehumano. Tardé una hora el llegar al primer piso, y otra hora en poder hablar con mi familia, que no sabía si yo estaba vivo o muerto. Ese día recién me di cuenta de que los bomberos y los policías somos superhéroes: todos corrían para alejarse del fuego, y nosotros hacia adelante, para enfrentarlo“.

Por eso, cada 11 de septiembre regala comida a bomberos, policías y soldados en su restaurante de Alabama.Porque aún pasados muchos años, todavía tengo pesadillas de edificios que se mueven, se incendian o se caen, como si el desastre de las torres hubiera ocurrido ayer“.

Daños colaterales

En el ataque a las Torres Gemelas, una de las las mayores tragedias de nuestro tiempo y la primera del siglo XXI, murieron 343 bomberos. Más tarde, 850, entre bomberos y cuerpos de rescate. Y tres de los hombres que eligieron acaso la tarea más riesgosa del mundo: luchar contra el fuego, inicio de la civilización en las cavernas pero diabólico enemigo de ella después, se fueron de este mundo, entre los terribles dolores del cáncer, el mismo día: lunes 25 de septiembre de 2014.

Sus nombres y edades: Howard Bischoff (58), Robert Leaver (56), y Daniel Heglund (58).

No sorprende. Es, quizá, una pirueta de la Dama de la Guadaña, pero no para David Prezant, jefe de los servicios médicos del Departamento de Bomberos de Nueva York. Su breve informe para la prensa, después de años de estudios y estadísticas, le permite decir lo mismo que la respetada y respetable revista médica Lancet. Que los bomberos que trabajaron en laZona Cero tienen casi el 20 por ciento más de riesgo de cáncer que aquellos que no trabajaron en las horas y días posteriores del infierno desatado por el terrorismo el 11/9/01. “El derrumbe de dos torres de 110 pisos –dice– provocó que miles de toneladas de acero, cemento, cristales y amianto, además de los miles de litros de combustible de aviación y miles de kilos de plásticos, al arder, liberaron en la atmósfera indiscutibles sustancias cancerígenas“.

Prezant, además, describe las formas de cáncer posibles por la incidencia de esos elementos: “Los tumores de estómago, colon, próstata, tiroides, páncreas, hígado y melanomas aumentaron considerablemente después de la tragedia perpetrada por Al–Qaeda“.

Los helados guarismos

Demasiada sangre, muerte, dolor y desgarramiento de almas y corazones transcurren en esta evocación. Demasiados adjetivos. Por eso, a 15 años de un hecho que todavía cuesta creer y asumir, estos números son más aptos para comprender su dimensión.

Muertos: 2.823. Heridos: 6.000. Por cada mujer murieron 3 hombres. Promedio de edad de los muertos: entre 35 y 39 años. Tempertura que alcanzó el fuego: 1.260 grados. Tiempo que tardó el fuego en apagarse totalmente: 69 días. Partes de cadáveres hallados: 19.500. Cuerpos intactos: 291. Víctimas identificadas: 1.216. Niños huérfanos después del atentado: 1.300. Bebés que nacieron de mujeres cuyos maridos murieron ese día: 17. Crecimiento de alcohol y cigarrillos: 25 y 10 por ciento, en ese orden. Familias que no recibieron restos de los cuerpos: 1.717. Estrés post–traumático en Manhattan: 200 por ciento, incluidos más de 10.000 alumnos de escuelas públicas. Toneladas de escombros removidas: 1.506.124. Comienzo del bombardeo de los Estados Unidos a Afganistán, entonces posible refugio de Bin Laden: 26 días. Pérdida económica de Nueva York: 105.000.000.000 de dólares. Pagado por las empresas de seguros: 40.200.000.000 de dólares. Dinero a cada persona que perdió a su cónyuge: 1.000.000 de dólares.

Con información de infobae