Ocho consejos prácticos para desarrollar la asertividad en el trabajo



Uno de los dilemas más habituales a los que nos enfrentamos en una organización es encontrar el grado adecuado de asertividad que debemos usar en nuestras relaciones profesionales. Pasamos muchas horas al día rodeados de la misma gente (bastantes más que con nuestra familia o amigos) por lo que pueden llegar a establecerse vínculos sociales profundos. Esta es un arma de doble filo: crear una mala relación con alguien puede tener consecuencias nefastas, ya que difícilmente podrás evitarlos si trabajan en el mismo sitio.

De la misma forma, el hecho de que en un entorno laboral exista una escala jerárquica jefe-subordinado implica que algunas personas estén en una posición de mayor poder que otras, por lo que, hasta cierto punto, resulta de sentido común que tomemos ciertas precauciones para no hacerlas enfadar. Por todos estos motivos seguramente te identificarás con varias de las siguientes situaciones:

–  ¿Alguna vez no has dicho lo que estabas pensando en una reunión de trabajo y te has limitado a asentir y mostrar tu conformidad?
–  Cuando en un equipo de trabajo hay un compañero que no cumple con sus responsabilidades, ¿se lo haces saber o no dices nada para no herir sus sentimientos?
–  ¿Crees que te mereces un incremento de sueldo pero no te atreves a pedírselo a tu jefe porque ahora no es el momento?

Comunicarte con asertividad te permitirá hacer valer tus derechos y opiniones en este tipo de situaciones. Sin embargo, la verdadera dificultad radica en encontrar el delicado equilibrio entre ser demasiado asertivo o quedarte corto.

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 Los beneficios de ser asertivo en el trabajo

Seguramente ya conozcas muchos de los beneficios de usar la asertividad en tu entorno laboral: menor nivel de estrés, mayor rendimiento y creatividad al encontrarte libre para expresarte, sentirte respetado y reforzar tu autoestima; sin embargo, también hay un beneficio más “material”. Resulta que los trabajadores y jefes que defienden sus intereses y no aceptan de entrada un no por respuesta también ganan más dinero. Un estudio de la Universidad George Mason demostró que los trabajadores asertivos podían llegar a ganar más de 600 mil dólares durante una carrera profesional de 40 años. Esta investigación puso de manifiesto que aquellos trabajadores que esperaban que les llegaran los aumentos de sueldo por méritos propios, casi nunca terminaban consiguiéndolos.

El prototipo del empleado trabajador y esforzado que nunca abre la boca para quejarse o pedir algo puede ser útil para la organización, pero no  es la actitud que más le conviene a su economía.

A continuación verás un listado de técnicas para ajustar tu nivel de asertividad en el trabajo. Pero, sobre todo, no te agobies: la clave es que vayas practicando cada uno de los puntos poco a poco para interiorizarlos y encontrar el equilibrio.

1. Plantéate un objetivo definido
A menudo, cuando alguien decide ser más asertivo, comete el error de empezar a decir “no” a cualquier tipo de petición porque cree que así parece más duro. Muchos otros también se lanzan a defender sus derechos sin ni siquiera saber qué quieren decir. ¡Pero la asertividad no se trata de ganar todas las batallas! Antes de ser asertivo es crucial que conozcas qué quieres conseguir. Cuanto más claro tengas lo que quieres, más fácil será que puedas justificarlo. Tómate tu tiempo para pensar tus objetivos antes de una conversación. ¿Qué es lo que realmente quieres conseguir? De esta forma te será mucho más fácil planificar cómo vas a decirlo. Y una vez finalice la discusión, evalúate: ¿realmente has logrado lo que querías o te has dedicado a luchar por batallas irrelevantes?

 2. No te olvides de los derechos de los demás
Otro error común de la gente que decide ser más asertiva es la de olvidarse de escuchar a los demás, emprendiendo una cruzada con el único fin de proteger a capa y espada sus necesidades. Y entonces es cuando empiezan a convertirse en trabajadores egocéntricos y molestos. Cuidado por lo tanto con no balancear bien tu grado de asertividad, ya que un exceso puede interpretarse fácilmente como arrogancia, y en un ambiente profesional difícilmente alguien podrá advertirte. Por eso es importante que intentes empatizar con los demás y entender también qué tratan de defender con sus argumentos. Solo entonces podrás encontrar puntos en común con tu postura (si es que los hay) y mostrarte como alguien asertivo pero también comprensivo.

3. Pregunta a tus compañeros cómo te ven
Quizás el punto más importante de todos los que hay en esta lista. Como has comprobado arriba, las personas somos bastante malas evaluando nuestro nivel de asertividad en nuestra comunicación, y por esto es importante que conozcas la imagen que proyectas en los demás. Si bien en nuestro círculo social cercano resulta relativamente fácil pedir la opinión de nuestros amigos, en un ambiente laboral es más complicado. Pero aún así debes hacerlo o estarás totalmente ciego a la impresión que causas en los demás. Elige aquellas personas con las que tienes más confianza (incluso tu superior o viceversa) y pídeles que de forma honesta describan tu estilo de comunicación. Con esto no solo conseguirás entender qué puntos debes mejorar o gestionar, sino que probablemente aquellas personas a las que se los has consultado agradezcan tu confianza y honestidad. Y prepárate, porque luego ellas te preguntarán lo mismo a ti.

4. Ve al grano con lo que quieres comunicar
Es también muy habitual que, en un esfuerzo por quitar agresividad a nuestro mensaje y camuflarlo un poco, lo revistamos de información adicional innecesaria. Esto lo único que logra es que los demás dejen de prestar atención a lo que realmente queremos decir o incluso se aburran. Cuanto antes llegues al núcleo de tu mensaje y te centres en él, más convincente resultarás. Si quieres quitar agresividad no te andes por las ramas y utiliza lo que viene en el siguiente consejo.

5. Usa la comunicación subjetiva
Cuando expreses tus opiniones o necesidades te recomiendo que utilices la comunicación en primera persona para hacer saber a tu interlocutor que lo que estás diciendo no es ningún juicio o verdad absoluta, sino una expresión de tus pensamientos. “Me gustaría hablar sobre mi sueldo” es bastante menos agresivo que “Hay que hablar sobre mi sueldo”. Utilizar la comunicación subjetiva, además de respeto, añade sinceridad e importancia a tus palabras. Usar la comunicación subjetiva significa expresar las cosas como tú las sientes sin culpar a nadie. No implica que debas abrir tu corazón y exponer tus emociones desnudas, lo que en un entorno laboral podría resultar hasta cierto punto extraño, sino hablar sin emitir juicios ni personalizar críticas.

6. No disminuyas la importancia de tu mensaje
Uno de los peores errores que puedes tener en tu comunicación asertiva para expresar tus argumentos es devaluar tu propio mensaje reduciendo la importancia de lo que estás diciendo. Expresiones como: “Quizás me equivoque pero…”, “Sé que parecerá una tontería…” o “Esto es sólo una idea…”, no son buenas aliadas para defender una postura, ya que connotan desconfianza en tus propias ideas. Este tipo de expresiones alertan a los oyentes infiriendo que lo que viene a continuación no es demasiado importante y además le dan motivos para confirmar que tu idea es, efectivamente, una tontería. Intenta evitarlas.

 7. Evita hacer de abogado del diablo
Otra manera bastante habitual de expresar tus pensamientos sin parecer que te estás oponiendo a las ideas de tus compañeros o superiores es la de hacer de abogado del diablo. Aunque pueda parecer una buena estrategia para evitar generar conflictos o herir los sentimientos de nadie (“Estoy de acuerdo, pero haciendo de abogado del diablo…”) la realidad es que en una investigación se pudo comprobar como esta estrategia habitualmente tiene el efecto contrario al esperado: ¡refuerza la opinión del grupo sobre el argumento original!

8. Si eres mujer, evita parecer demasiado dura
Se ha demostrado en un estudio de la Universidad de Stanford que en el mundo laboral, aquellas mujeres que pueden combinar la asertividad con la confianza y seguridad en sí mismas, y que además adaptan estas habilidades a su entorno, potenciándolas o reduciéndolas, consiguen más promociones que el resto de hombres y mujeres. La flexibilidad de las mujeres en adaptar su comportamiento parece ser uno de los mayores indicadores de éxito profesional, hasta el punto que algunas de ellas están consiguiendo posiciones de mucha responsabilidad utilizando este enfoque estratégico. Sin embargo, este mismo estudio y otros más realizados en paralelo, determinan que aquellas mujeres que tienen un comportamiento más agresivo en el trabajo (más masculino en palabras de los propios autores), y que no saben regularlo, no alcanzan tantos logros profesionales.

Independientemente de estas recomendaciones, la clave es adaptar tu conducta al entorno y el contexto. Cada vez menos, pero todavía hoy en día es posible encontrarse con organizaciones que no valoran que sus empleados sean gente asertiva que defiende sus derechos.

También en algunas situaciones no será posible expresarse con la asertividad que sería necesaria. Si tienes un jefe excesivamente autoritario o justo acabas de incorporarte a una empresa, tu posición de poder frente tu superior todavía es muy desigual, por lo que seguramente podrás empezar a decir no después de una temporada diciendo sí. Se ha demostrado que los líderes más preciados no son aquellos que se muestran moderadamente asertivos en cualquier situación, sino aquellos que saben modular su comportamiento a la situación, algunas veces presionando de forma inflexible a su equipo y otras veces cediendo completamente a sus demandas. Saber cuándo corresponde un tipo u otro de conducta es lo que permite a los buenos líderes mantener a sus equipos motivados y competitivos.

Con información de El Horizonte.